Alba Ocoeña
Quisiera que cuando las arterias
del pueblo se rían de sus biennutridos transeúntes
comiencen a llorar los cimientos
de la nortdemocracia.
Quiero que cuando caracoles duerma
sobre la lasitud del alba ocoeña
comience a sollozar
la quietud de la maloliente democracia.
Quiero que el útero de nuestras
escarpada montañas no se estire
cuando la ginecología del ginecólogo imperial
la patee haciéndola parir minerales.
Quiero que la prole montañesa
no alimente el bisturí tentáculo
del ginecólogo después de nacer cesareada.
Quiero que las montanas derramen
su post-partum fusilesco y hemorragien
otro abril afebrerado y para un pueblo rebelde
y un coronel ginecólogo o un ginecólogo coronel.
Quiero que la sangre brote
y emerjan de entre las piernas artillerías y esperanza vivas
con voces de moribundos a andanzas del pueblo
andando juntos al pueblo y antorchas del pueblo
ardiendo sobre el pueblo.
Por: Jose Elias Muñoz (1987)











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