poemas de amor
Poemas de amor para ti

Campanas


campanas

Escucho las campanas de aquella torre majestuosa;
Las campanas del esplendor de Yale en una noche turbulenta;
Repicando con sorna en una hora lúgubre
Sobre un mundo sacudido por la codicia y el espanto.

Sus melodiosos tonos resuenan en miríadas de tejados;
Un millón de almas insomnes asiste al juego de los carillones;
Sin embargo su mensaje cae sobre un suelo pedregoso…
Su espíritu es cercenado por la espada del Tiempo.

 

¿Por qué suenan, remedando los años felices
Cuando la paz y el sosiego reinaban en la plácida llanura?  ¿Por qué sus acordes familiares provocan las lágrimas De aquellos que tal vez no vuelvan a conocer la dicha?
Hace años os conocía bien… hace muchos años…

Cuando el antiguo pueblo dormía en la ladera;
Entonces vuestras notas resonaban sobre la nieve iluminada por las estrellas En medio de la alegría, la paz y la esperanza eterna.

Mi imaginación evoca el modesto chapitel;
El tejado puntiagudo, negra sombra contra la luna;
Los góticos ventanales, ardiendo con un fuego Que presta la magia a los cínicos tonos.
Venerable cada seto cubierto de nieve bajo los rayos Que añadían plata a la plata del valle;
Encantadora cada choza, cada vereda, cada arroyo, Y alegre el espíritu del aire perfumado por los pinos.

Los pastores profesaban un simple credo;
Vivían en inocente beatitud entre las montañas;
Sus corazones joviales, sus almas honestas en paz, Animados por las sencillas alegrías de los mortales.

Pero una horrible plaga aparece en escena;
Un fantástico nimbo se cierne sobre la tierra;
Formas demoniacas flotan por encima de los bosques, Y ante cada puerta se alzan sombras malignas.
El Tiempo, siniestro bufón, avanza por la pradera;
Bajo su paso la alegría se extingue.

Corazones joviales se desangran con angustia inexplicable, Y almas atormentadas proclaman su influencia funesta.
Conflicto y cambio acosan al mundo vacilante;
Pensamientos salvajes y quimeras ciegan la razón;
La confusión se apodera de una raza senil Y el crimen y la locura merodean impunemente.

Escucho las campanas… las campanas burlonas y malditas Que despiertan recuerdos que obsesionan y paralizan;
Suenan y resuenan sobre un millar de infiernos…
Demonios de la noche… ¿por qué no permanecéis tranquilos?

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