He muerto tantas veces en la vida
andando entre las calles con un cuerpo prestado,
la sangre detenida entre las venas
y la fuerza del alma congelada.
He sentido que el alba se parece a la noche
y un espacio vacío que penetra en la almohada,
una lágrima triste que no entiende su causa
y un dolor que marchita la imprudente mirada.
He buscado algún rostro a través de cristales
encontrando enemigos donde amigos yo vi,
y he abierto la ventana todas estas mañanas
y cada vez que abro se va lo que viví.
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