Nocturnamente enfaldados
Nocturnamente enfaldados
los labios de las flores,
cruzados y triscados
los troncos de los abetos,
agrisado el musgo, la piedra estremecida,
despertados al vuelo infinito
los grajos sobre el glaciar:
ésta es la comarca donde
reposan aquéllos
a quienes dimos alcance:
no van a nombrar la hora,
ni contar los copos,
ni seguir las aguas hasta el dique.
Están separados en el mundo,
cada uno junto a su noche,
cada uno junto a su muerte,
hosco, desnudo, escarchado
de lo cercano y lo distante.
Ellos pagan la culpa que infundió alma a su origen,
la pagan en una palabra
que persevera injustamente, como el verano.
Una palabra tú sabes:
un cadáver.
Vamos a lavarla
vamos a peinarla,
vamos a volver su ojo
hacia el cielo.










