Soneto 184
Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos,
crece con riesgos, lances y recelos,
susténtese de llantos y de ruego.
Doctrínale tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.
Su principio, su medio y fin es ése,
pues ¿por qué, Alano, sientes el desvío
de Celia que otro tiempo bien te quiso?
¿Qué razón hay de que dolor te cueste,
pues no te engañó Amor, Alano mío,
sino que llegó el término preciso?.











