Publicaciones etiquetadas Benn Gottfriend
Hermosa Juventud
Publicado en General - 23 enero 2011 - No hay comentariosLa boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñón,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!.
La Novia del negro
Publicado en General - 14 junio 2010 - No hay comentariosEntonces sobre almohadas de oscura sangre se recostaba el cuello de una mujer rubia.
El sol rabiaba en sus cabellos y lamía los pálidos muslos y se arrodillaba ante los pechos un poco más oscuros, aún sin deformar por los pecados y los partos.
Un negro junto a ella: la coz de algún caballo le había destrozado los ojos y la frente. Dos dedos de su sucio pie izquierdo se hincaban en la pequeña oreja blanca.
Pero ella yacía y dormía como una novia: Orlando la felicidad del primer amor y en espera de numerosos viajes celestiales de la sangre joven y cálida.
Hasta que alguien le hundió el cuchillo en la nívea garganta y un delantal púrpura de sangre muerta le cubrió las caderas.
Circulación
Publicado en Poemas cortos - 14 junio 2010 - No hay comentariosLa solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Ésta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía, sólo la tierra debe volver a la tierra.
Pabellón de parturientas
Publicado en Poemas de Amor - 14 junio 2010 - No hay comentariosLas mujeres más pobres de Berlín, trece niñas en cuarto y medio, pu’tas, prisioneras, execradas retuercen aquí sus cuerpos y gimen. En ninguna parte se grita tanto.
En ninguna parte se ignoran tan completamente dolores y angustias como en este lugar, aquí siempre grita algo. “¡Empuje Usted, mujer! ¿Entiende, sí? No está aquí por diversión. No alargue la cosa ¡También salen excrementos en este aprieto!
No está aquí para descansar No viene solo. ¡Usted tiene que hacer algo!” Por fin llega: azulado y pequeño. Orina y heces lo ungen. De once camas con lágrimas y sangre los gemidos le dan la bienvenida.
Sólo en dos ojos estalla un coro de júbilos al cielo.
Por este pequeño pedazo de carne pasará todo: desolación y felicidad.
Y cuando muera entre estertores y sufrimientos, otros doce dormirán en este pabellón.











